14/5/15

La búsqueda VII

    Sentado en posición de loto, Ellyon respiraba profunda y acompasadamente. Enfrente de él, una tranquila Eglantina se sostenía en el aire en la misma posición. Llevaban días de entrenamiento y Ellyon no conseguía llegar a ese nivel de concentración. No podía elevarse en el aire, y mucho menos sostenerse. Una de las veces lo había conseguido pero por segundos.

     Después de una semana de entrenamiento, físico y mental, y aún no le habían explicado a Ellyon en que consistía la búsqueda. Preguntaba a todos, a los nuevos y a los que ya había visto alguna que otra vez. Y sobre todo a sus compañeros de búsqueda. Todos le decían que tenía que ser su entrenadora la que hablaría con él en el momento justo.


     Y él seguía esperando y haciendo toda clase de elucubraciones.


     - No te despistes, no es el momento de pensar en eso ahora. No te elevas por la sencilla razón de que quieres ir por delante de los demás, quieres saber antes de tiempo. Y todo tiene su momento y su lugar.


     Ellyon suspiró con desesperación. Tenía demasiadas preguntas en la cabeza que no eran contestadas. Además estaba preocupado por su abuelo. Lo estaría buscando por todas partes. Cuando le transmitió sus preocupaciones a Arien esta le contestó.


     - No te preocupes por tu abuelo. Él sabe que estás con nosotros. De hecho puede venir cuando quiera. El hecho de que no haya venido es porque sabe que estas a salvo, y debe dejarte vivir tu búsqueda como él lo hizo varias veces.


     - Pero ya ha pasado una semana, y aún no hemos empezado. Pasará el verano y tendré que volver al instituto.


     - Para los hombres no ha pasado una semana, para ellos solo ha pasado un día sin su noche.


     - Pero eso es imposible. Hemos tenido ya siete amaneceres, he visto salir el sol por el horizonte.


     - Ellyon, debes saber que nuestro tiempo, nuestra percepción es distinta de la de los humanos. Nosotros vemos cosas que ellos no son capaces de percibir. Tú has visto siete amaneceres, ellos no son capaces de verlos. Sus sentidos son lentos y están cegados por las cosas materiales. Solo unos pocos pueden divisar lo que en realidad esconde la Naturaleza.


     - No lo entiendo. - Al Dríade se le agolpaban numerosas preguntas en la cabeza. - Entonces, ¿Cómo es posible que vosotros envejezcáis más lentos que los humanos?


      - El tiempo de las hadas no se mide de igual manera que el de los hombres. Pero eso es algo que ya te contaré o que descubrirás con el paso de tu entrenamiento.


     Ellyon notó un golpe en la cabeza que lo hizo salir de sus pensamientos. Abrió los ojos y se encontró a Licke delante de él con una sonrisa pícara en la cara.


     - Ni siquiera te has dado cuenta de que Eglantina se ha ido y te ha dejado solo.


     - ¡Me has hecho daño! - Ellyon se frotó donde le había dado la Ondina, y se levantó. - Seguro que se ha ido enfadada. No consigo elevarme.


     - ¿Cómo? ¿Así? - Licke se levantó dos palmos del suelo con un solo batir de sus alas. Una risita salió casi sin querer de sus labios.


    - Muy bien, hada con alas, para ti es muy fácil. Pero yo no tengo esas preciosidades en mi espalda.


    - También puedo hacerlo sin ellas. - Licke tocó el suelo con la punta de sus dedos y se levantó un poco más, sin necesidad de mover las alas. Ellyon se giró con cara de enfado. En realidad no lo estaba, pero quería hacer sufrir un poco a su amiga. Desde que empezaron el entrenamiento, los dos no se separaban. Habían unido fuerzas frente a los más veteranos. Y aunque Morrigu tampoco había ido a ninguna búsqueda. Estaba todo el día y parte de la noche enfrascada en su entrenamiento.


     - No te enfades.- El hada bajó al suelo, para no enfadar más a su amigo, y se acercó a él buscando perdón.


     Ellyon le sonrió y juntos corrieron al próximo lugar de entrenamiento, el que más les gustaba. El momento en el que todos los buscadores se juntaban y hacían sus ejercicios juntos.


     - Llegáis tarde. - Dijo Morrigu mientras ejercitaba con su espada.

    No contestaron, sabían ya por experiencia que dar excusas era inútil. Licke miraba a Abatwa mientras este luchaba con Edrielle. No se escondía, la adoración que sentía por aquel ser, iba más allá de la vergüenza. Los dos se movían en una coordinación perfecta. Luchaban sin tocarse, con sus manos, con sus pies, con todo el cuerpo. Abatwa ganó esta vez. Casi siempre Edrielle era la que se proclamaba vencedora. Los dos juntaron sus frentes, un poco más de lo normal. Abatwa se separó de forma inesperada, como si algo le hubiera pillado de improviso. Edrielle le sonrió, él se recompuso y le sonrió a su vez.

    Ellyon que los observaba junto a Licke añadió otra pregunta a su lista. Sabía que ellos estaban unidos, más de lo que estaba cualquier ser de aquella ensenada. Sus búsquedas anteriores los habían hecho convertirse en un ser con dos cuerpos. Eran como dos gemelos que sabían dónde estaba el otro sin ni siquiera mirarlo. Era difícil penetrar en aquella unión.


      - Anda niño, ven y lucha conmigo. - Edrielle llamaba niño a Ellyon, le causaba tanta ternura, y era tan pequeño, que para la Silfo, no era más grande que un bebé. Siempre lo trataba con delicadeza, y en sus entrenamientos, no usaba toda su fuerza con él.


     Licke miró a Abatwa con esperanza, con un brillo en los ojos, esperando que estaba vez quisiera luchar con ella. 


    - Lucha con Morrigu. Yo voy a meditar. - Abatwa no luchaba con nadie que no fuera Edrielle.


    La Ondina dio pasó al enfado y a Abatwa le creció una nubecita llorona encima de su cabeza. Estuvo empapado durante media mañana. Aunque esto no parecía importarle, así que Licke se la quitó más enfadada que antes.


     Morrigu y Licke luchaban como fieras, les encantaba luchar con todas sus fuerzas, usaban sus manos, sus pies, su cuerpo, usaban sus poderes, y volaban por entre los árboles. Cualquiera que las viera pensaría que era una lucha a muerte. Pero al final siempre acababan por los suelos riendo a carcajadas, sin una vencedora clara.


     Después de todo aquel entrenamiento, se fueron todos a cenar. Ellyon siempre llegaba con un hambre atroz. Y devoraba todo lo que encontraba a su paso. Pero esta vez no pudo, Arien vino a buscarlo.


     - Ellyon ven conmigo, vamos a hablar.





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6 comentarios:

  1. Fascinante capítulo, una entrega y juego de los personajes extraordinaria. Poco a poco vamos conociendo más a estos seres, la relación entre ellos y sus sentimientos. Un entrenamiento físico y metafísico en un paraje de ensueño realmente fantástico. Me encanta esta búsqueda.
    Besillos, Compi. ;)

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    1. Muchas gracias Compi. Dentro de poquito más. Un besillo.

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  2. Qué facilidad para narrar cosas absolutamente imaginarias, María. Eso tiene que ser un don sin duda!!

    Me ha encantado esta sesión de entrenamiento en la que vamos conociendo mejor a los protagonistas y su relación entre ellos. Genial!! :)

    Besillos de viernes.

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    1. Muchas gracias Julia, con que buenos ojos me miras. Seguro que si te pones tú también lo haces, dado lo bien que escribes. Un besillo guapa.

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  3. Qué interesante, ¿de qué querrá hablar? Un día completo de entrenamiento, en el que se da a conocer también los sentimientos y pensamientos de otros personajes: rivalidades, amores, etc.
    La escena del principio me pareció muy buena: todo, incluido el diálogo.
    Un abrazo, María.

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    1. Muchas gracias Ricardo. Poco a poco se van a ir desvelando muchas incógnitas de lo que les queda por vivir a estos personajes. Y Arien será la encargada de desvelar algunas de ellas. Un besillo.

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