18/5/15

Dejarte llevar

     Hoy estoy enfadada, muy enfadada. Así que me vais a permitir que me desahogue. Me encantaría tirar platos al suelo como hacen en las películas, montar en cólera y gritar a pleno pulmón todo lo que da de sí mi voz. Pero tendría varios problemas, el primero, que tendría que ir a comprar más platos, y no está la economía para gastarla en tonterías. Y el segundo que me haría daño en la garganta y encima algún vecino o vecina vendría a ver que es lo que me pasa.

     Así que he decidido desahogarme escribiendo, y de paso saber si a alguno de vosotros le pasa lo mismo que me pasa a mi. 


      Yo era una chica a la que le encantaban los ordenadores, de hecho una de mis opciones a la hora de estudiar era informática. Me fascinaba todo lo que tuviera que ver con estas máquinas. En cuanto tuve el primer ordenador, por el que luche insistentemente, me puse a trastearlo y a manipularlo de arriba abajo. Estaba en segundo de carrera, y lo usaba continuamente.


     ¿Qué pasó después? Pues que encontré a una persona que lo hacía por mi. Así que me acomodé, me dejé llevar. Y ahora soy una inútil total en esto de la informática, y no digamos de Internet. Estoy completamente perdida. Y sé que la culpa es mía. Por eso cuando esta mañana me ha surgido un problema con mi blog, que no he podido solucionar todavía, la furia me ha invadido. Esa impotencia, esa rabia que te da por no saber que hacer, porque no entiendes ni papa. Porque te metes en la configuración de las cosas y todo te suena a chino, así que no cambias algo, no vaya a ser que sea algo importante y el ordenador termine explotando.


     Y el problema es que no solo me pasa con los ordenadores, es que me pasa con muchas cosas. Me dejo llevar. En mi casa, cuando vivía con mi madre y mi hermana, yo era la que arreglaba las cosas, yo montaba los muebles, yo hacía las cosas de bricolaje, yo cambiaba las bombillas. Cuando venía el fontanero me ponía a su lado para ver lo que hacía, y le preguntaba todo para ver si la próxima vez podía hacerlo yo. Siempre me ha encantado todo este tipo de cosas.


      Ahora ni siquiera me subo a una silla a cambiar una bombilla, no sé que bombilla usa una lámpara u otra, y me da igual. Ni siquiera intento saberlo. Me dejo llevar.


     Y me doy cuenta de que es así como se forman los ignorantes. Porque sí, porque has estudiado una carrera, eres todo una licenciada, pero no sabes que cable usas para enchufar el disco duro a la televisión. 


      En fin, que sé que todos nos dejamos llevar en algunos aspectos de la vida. Pero eso nos hace ser dependientes de otros, y no nos valemos por nosotros mismos, eso no debe de ser nada bueno.


      Y aquí os dejo, voy a ver si no me explota el ordenador haciendo alguna chapuza, aunque con la tensión que tengo en el cuello del enfado debería ir a que otro me haga un masaje y me lo arregle.




2 comentarios:

  1. Te entiendo perfectamente, María, a mí me pasa exactamente igual con la excepción de que yo nunca me he valido sola con un ordenador, nunca, nunca. Cuando compramos el primero yo ya estaba casada y resulta que a él se le daba muy bien, así que pasó a encargarse de todo. Ahora cada uno tenemos el nuestro, pero sigue pasando lo mismo...

    Yo sé usar los programas que utilizo, pero si me sacas de ahí o las cosas se tuercen, catástrofe inmediata y a llamarle a gritos jajajaja.

    Procuro tomármelo como un trabajo en equipo. Hay mil cosas en casa que solo manejo y controlo yo, él no tiene ni idea, así que es trabajo compartido para que al final todo funcione como es debido, que es lo que importa.

    Por cierto, espero que tu problema se solucionara y tu dolor de cuello mejorara :)

    Un besito de tarde, Hermana de Letras!!

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    1. La verdad es que si te lo tomas así es mucho mejor. Las cosas en equipo son más fáciles, y para lo que no sirve uno, sirve el otro. Me ha encantado tu reflexión. Genial.
      P.D. Ya estoy bien del todo del dolor de cuello. Jejeje.

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