1/4/15

Reflexiones de almohada

     Anoche vi una película de esas ochentera, de esas en las que las mentes se intercambian en dos cuerpos. Generalmente es entre una madre y su hija o un padre y su hijo. Y esto hace que los dos se pongan en la piel del otro, y sepan lo difícil que es la vida del contrario. Me encantan las películas ochenteras, y noventeras, supongo que será por haber tenido la adolescencia en aquella época. Películas que duraban escasamente 90 minutos y que eran predecibles al 90%. Algún día escribiré sobre esas pelis.


      Esta en concreto no era ochentera, era de este siglo, y tampoco era un intercambio entre madre e hija o padre e hijo. El intercambio era entre un hombre casado con tres hijos, que para ponerlo más difícil, dos eran mellizos, y su mejor amigo, un soltero aspirante a actor y con mucho tiempo libre. Ambos envidian la vida del otro e intercambian sus cuerpos. Viven un tiempo como el otro y se dan cuenta de que lo que quieren realmente es su vida.


       Esto me hizo reflexionar un poco sobre las personas. Siempre queremos lo que tiene el otro, el ser humano está hecho para no conformarse con lo que tiene. Siempre quiere más. A mayor o nivel escala. Empezamos desde niños deseando el juguete del de al lado, ya sea amigo o hermano. Los niños estamos deseando crecer, y escuchamos frases en ellos como: cuando tenga dieciséis años, cuando tenga dieciocho, algo que en ese momento nos parece inalcanzable. 


       Con esto no me refiero a la envidia, no tiene nada que ver con eso. Simplemente que el hombre está hecho para no quedarse quieto, necesita movimiento en su vida. ¿Cuántas parejas no han dejado sus matrimonios de años para estar con otras personas? ¿Cuántas personas han tenido hijos, que era lo que querían, y ahora se sienten atrapados en ese mundo de pañales y potitos? 

       Estamos destinados a conseguir lo que queremos y cambiar nuestros objetivos. Ya lo que tenemos no nos parece suficiente. Con la terrible consecuencia de no disfrutar por lo que tanto hemos luchado. Una carrera en lo que queríamos, una familia,  una casa, un trabajo, una vida de viajes, de aventuras,...


       Esto nos hace disfrutar poco de las cosas, y es que la vida se acaba en un segundo. Lección que aprendí por las malas. Así que, sin dar lecciones de vida a nadie, porque ya somos todos mayorcitos. Disfrutemos todos de lo que tenemos, de las trastadas de nuestros hijos, de los días de lluvia en casa, de las peleillas con nuestras parejas, de los dolores riñoneros por coger a nuestros hijos en brazos, de las regañinas de las madres, o abuelas, de los llantos a moco tendido, de las rabietas, tanto de los peques de la casa, como de las nuestras, de las malas críticas, disfrutemos de todos esos momentos que le ponen pimienta a la vida. Y por supuesto, valoremos lo que tenemos, porque como bien dice esa frase tan famosa, nunca sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos.




10 comentarios:

  1. Hola, María :)

    Por la profesión de mi marido a menudo sabemos de casos en que la vida acaba inesperadamente, a edades inusuales y sin avisar previamente, cuando las personas aún creían que tenían mucho tiempo por delante. Esa ha sido nuestra manera de llegar a la misma conclusión que tú: hay que disfrutar de todo y todo el tiempo, de las cosas sin importancia y de las trascendentes, porque nunca sabes qué pasará mañana. No merece la pena convertir la vida en una competición perpetua de metas y bienes materiales, o al menos eso pensamos. Hay que vivir el hoy :)

    Muy buena reflexión, gracias por compartirla con nosotros!!

    Un besillo de miércoles :)

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    1. No sé en que trabaja tu marido, pero debe de ser una profesión difícil. La verdad es que las carreras las deje muy atrás en mi vida. Así que sí, a disfrutar a tope. Jejeje. Un besillo y que pases unas buenas fiestas.

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  2. Sabias letras para reflexionar... la vida te puede cambiar en un segundo, hay que vivirla que para eso estamos aqui. Hoy si, mañana quien sabe...
    Saludos!!

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    1. Muchas gracias Virginia. Si la vida son dos segundillos de nada. Un besillo.

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  3. Una muy buena reflexión Maria, los momentos pasan como estrellas fugaces y es mejor viajar con ellas que mirarlas de lejos.
    Feliz tarde!

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    1. Muchas gracias Alejandra. Bonita metáfora. Me gusta mucho lo de als estrellas fugaces. Un besillo.

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  4. La vida es demasiado corta y -como yo no creo en la reencarnación- solo tenemos una como para estar malgastándola en tonterías. Así que, más vale aprovecharla al máximo. También deberíamos aplicarnos aquello de que "quien mucho abarca poco aprieta" y dedicarnos en cuerpo y alma a lo que queremos y creemos que nos hará felices.
    Podríamos hablar (o mejor dicho escribir) mucho sobre este tema que tan bien has planteado. De hecho (fíjate tú qué casualidad), yo publiqué ayer una entrada en mi blog "Cuaderno de bitácora",planteando algo similar pero desde la perspectiva de un hipotético día del fin del mundo.
    Nos vemos..
    Un abrazo.

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    1. La verdad es que se podía hablar mucho de este tema, o como tú bien dices, escribir. La teoría está muy bien, lo importante es llevar esto a la práctica, y la mayoría de las veces no lo hacemos. Me pasaré a leerte. Un abrazo.

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  5. Soy una inconformista #SeSabe Siempre quiero subir un escalón más de la escalera, probar, conocer, experimentar... Uno de los motores de mi vida es la Curiosidad. Sin embargo, también he aprendido por las malas que el Tiempo es un suspiro, que hay que vivir cada instante, porque nunca sabes dónde estó el Final... Hay que disfrutar de las risas, de las sonrisas, de la gente a la que quieres, de tu soledad... Porque cada experiencia es única, porque, aunque parecida, nunca sucede igual...
    ¡Gran Reflexión, María!
    ¡Besines! ;)

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    1. El problema es que siempre lo aprendemos por las malas. Pero bueno, el fin es que siempre lo aprendemos, aunque sea así. Y aunque la curiosidad dicen que la mató un gato, creo que en cierta medida esd buena. Es lo que nos hace experimentar cosas buenas. Un besillo guapa.

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