29/4/15

La niebla V

       14 años antes.

      Sentado en la mesa de la cocina con todos los papeles delante, decidía a que Universidad iría. Que facultad de medicina sería la mejor. Sus hermanas le habían dado la posibilidad de irse a estudiar donde quisiera y él aceptó la oferta encantado. La peluquería iba muy bien y ya habían terminado de pagar la hipoteca del local. Seguían viviendo en la casa de sus padres, la cual ya estaba pagada, así que sus hermanas trabajaban solo y exclusivamente para darle una vida mejor de la que ellas tuvieron.


       Él estaba deseando alejarse de sus dos hermanas. Lo tenían completamente controlado, no lo dejaban hacer absolutamente nada sin su consentimiento. Tuvo que dejar a la chica de la que estaba perdidamente enamorado porque ellas no creían que fuera suficiente para el futuro médico. Lo atosigaban y él necesitaba su espacio. Las quería con locura, ellas habían estado ahí desde el principio, lo habían cuidado desde que él tenía uso de razón, desde que sus padres se fueron dejando a las gemelas y al pequeño solos ante la vida.


      Y ahí estaba, después de siete años, delante de su ingreso a la facultad, para hacerse un hombre libre, sin tener que depender de nadie, ni de sus hermanas. Decidió la facultad de Granada, no estaba lejos, pero si lo suficiente para estar yendo y viniendo todos los fines de semana. Rellenó la solicitud y se fue a entregarla, antes de que sus hermanas pudieran hacer algo para impedirlo. 


      El traslado a la nueva ciudad fue rápido e indoloro, se había ido a un colegio mayor, conocería más gente, sería más fácil su incorporación. Aunque él nunca había tenido problemas para integrarse en ningún sitio. Sabía que era guapo y lo explotaba con todo el mundo. A los chicos les encantaba tener un guaperas simpático en el grupo, un chico abierto que hablaba con todo el mundo. Eso atraía a más chicas. Y él notaba como las chicas se volvían para mirarlo, él les sonreía y les clavaba sus ojos azules hipnotizándolas, haciéndolas suyas. 

      Y aun así, no se interesaba por ninguna, aún tenía en su cabeza a su pequeña, como él la llamaba, recordaba el último día con ella, los dos llorando, abrazados, diciéndose su último adiós. Ella se había ido, convenció a sus padres para mudarse de ciudad, amenazándolos con un suicido si no hacían lo que les pedía. Sus padres lo dejaron todo por miedo de perder a su única niña. No la había vuelto a ver.


     Él, ahora en otra ciudad, rodeado de estudiantes, de chicas hermosas deseosas de besarlo, no tenía pensamientos para otra mujer. Pasó el primer año, al principio, iba a menudo a ver a sus hermanas, pronto las visitas eran menos, hasta que prácticamente su vida estaba en Granada. Cuando llegó el verano, decidió irse de vacaciones a casa de un amigo que vivía en Tenerife. Aquello no gustó a sus hermanas. Tuvieron una pelea por teléfono a tres, él les reprochaba que no lo dejaran trabajar para ganarse su dinero. Y les decía que sus notas eran las mejores, que se merecía sus vacaciones. Ellas solo podían reprocharle su ausencia. Al final desistieron, haciéndole volver unos días antes del comienzo del curso.


      El verano pasó, él disfrutaba como cualquier adolescente más, salía con sus amigos, y se divertía. Llegó la hora de la visita a su casa y a sus hermanas. Todo seguía igual, todo menos ellas. Estaban más absorbentes de lo normal. Habían llenado la casa de trastos absurdos. Trastos que se iban acumulando por todas partes, no dejando espacio casi ni para respirar. Le hicieron sus comidas favoritas, le enseñaron las reformas de la peluquería, la cual habían agrandado. Y él cada vez se sentía más ahogado en aquel ambiente, quería salir de allí y no veía la hora de que empezaran las clases.


       Su aliado, el tiempo, le dio lo que más estaba pidiendo. Y volvió a su querida ciudad. Esta vez se fue a vivir a un piso compartido con sus amigos del colegio mayor. Eran cuatro en el piso, lo suficientemente grande para no tener ni que verse si no querían. El primer día que llegó allí, encontró a una muchacha delante de la nevera, estaba bailando y cantando alguna canción desconocida para él, mientras cogía cosas, para lo que parecía un bocadillo. Se quedó mirándola, sonriendo, divertido por la escena. Cuando ella se dio la vuelta y lo vio, le sonrió, mientras seguía cantando la canción. Él le dijo hola, ella le contestó sin parar de bailar. Él se acercó y la besó. Desde entonces se hicieron inseparables. Era la hermana de uno de sus compañeros, así que por una cosa o por otra siempre estaba en el piso.


       El año pasó rápido, su amor consolidó rápido. Por supuesto no se lo comentó a sus hermanas. Se había enamorado de ella desde el primer momento que la vio. Aún no le había visto la cara y ya sabía que la quería. No quería que sus hermanas se lo volvieran a estropear. Así que pasó el año casi sin verlas. Ellas parecía que se habían vuelto más pacientes. Sus llamadas se fueron alejando en el tiempo.


    A comienzos del tercer año, sus hermanas se presentaron una mañana temprano en su casa. Abrió uno de sus compañeros y entró a su habitación  para avisarle de su visita. Él no la despertó, salió a trompicones de la habitación poniéndose el pantalón del pijama mientras cerraba la puerta despacio. 


     Sus hermanas lo abrazaron y lo llenaron de besos


     - Ya que Mahoma no va a la montaña... Venimos a hacerte una visita.


     - Teníais que haber avisado, la casa está hecha un asco y no hay sitio para que podáis quedaros a dormir.


     Estaba molesto, pero lo estaba más por el hecho de no saber que hacer si se la encontraban. Rezaba para que no se levantara. 


      - Hola. - Una chica rubia, vestida únicamente con una camiseta saludaba desde el quicio de la puerta.


     - Hermanas, esta es Isabel, es... mi novia.


     Las dos hermanas se miraron. Casi pasó desapercibido, pero la sonrisa se les borró del rostro, fue solo un segundo, lo suficiente para que un escalofrío le recorriera el cuerpo cuando les volvió a su cara ese gesto casi terrorífico. Esa sonrisa forzada, llena de mentiras que él conocía tan bien.


     Saludaron a la estupenda Isabel, y le pidieron a su hermano que fueran a darse una vuelta. Era temprano, hacía frío, la niebla lo cubría todo, pero él aceptó encantado. Quería alejar a sus hermanas de Isabel todo lo que pudiera. Se vistió rápido, besó a Isabel, esta vez se tomó su tiempo. Lo que desesperó a sus hermanas.


     Salieron a la calle, era domingo, muy temprano, no había casi nadie paseando, la niebla lo cubría todo. Él llevó a sus hermanas a un parque cercano, no quería montar una escena en ningún bar.


     - Tienes que dejar a esa golfa. 


     - No os voy a permitir que habléis así de Isabel, la quiero, y pienso casarme con ella en cuanto acabe la carrera.


     Aquella confesión hizo enloquecer a sus hermanas. Empezaron a gritarle a su hermano, y se enzarzaron en una pelea que parecía no tener final. 


     - Estoy harta, Cristina, debe saberlo. - Su hermana asintió.


    - ¡Paloma basta ya! ¡Estoy harto de seguirte el juego! ¡Cristina no está!. - Aquel momento de enfado le había devuelto la lucidez. Su hermana no aceptaba que su gemela hubiera muerto, y la llevaba consigo a todas partes. Imitaba su voz hasta tal punto que él también veía a su hermana muerta. No vio el bofetón que se le venía encima. La cara comenzó a latirle. 

     - ¡Qué sea la última vez que hablas así de tu hermana! - Le dio miedo, la primera vez que su hermana le causaba miedo.      


     Toda la valentía que había reunido se vino abajo. Se abrazaron, ella con ansía, él con abandono, sabiendo que había perdido, que otra vez su vida se había acabado. Pasearon entre la niebla un rato más. Hasta que él le dijo que necesitaba estar solo. Se despidió de sus hermanas y decidieron verse la semana siguiente. Él iría a verlas.

      Deambulaba sin rumbo por las calles conocidas, y las no tan conocidas, la niebla no se disipaba. Cuando notó el hambre en su estómago decidió volver a casa. Tendría que hablar con Isabel. Se inventaría cualquier cosa. No soportaba el dejarla. 


     Abrió la puerta de su casa e inmediatamente sintió que algo andaba mal. No sabía el que, pero algo andaba mal. Se quedó en la puerta esperando, como si algo malo pudiera pasarle. 


     - Cierra la puerta. - La voz de su hermana le llegaba desde el salón. ¿Qué hacía allí? El pánico se apoderó de él, pero no podía avanzar, sus pies se habían anclado en el suelo. - Cierra la puerta y ven aquí.

     Aquellas palabras lo hicieron moverse, cerró la puerta y empezó a andar despacio, en el único auricular que llevaba, U2 cantaba sin parar, sin dar tregua. Y con aquella banda sonora entró donde estaba su hermana. El espectáculo que había delante de él era grotesco. Todo estaba lleno de sangre, la pared llena de salpicaduras, el suelo completo de charcos de lluvia roja, sus compañeros de piso estaban sentados en el sofá con los ojos abiertos y los brazos cruzados sobre sus regazos. La sangre manaba de todas partes de sus pijamas aún puestos. Isabel yacía en el suelo, en una postura imposible, con montones de cortes en las piernas y en la cara. Sus hermanas en mitad de todo eso, lo miraban triunfal desde el centro de la habitación.

       - Es hora de que sepas la verdad. ¿Verdad Cristina?- Su hermana asintió. - Mama no nos dejó, no se fue, mama se mató, se mató cuando vio lo que había hecho. Se mató después de intentar matar a tu hermana, a Cristina. Ella estaba quitándote un juguete, a ti, a su hijo del alma. Y mamá quiso matarla con un cuchillo. Cuando se dio cuenta de lo que había hecho se lo clavó en el corazón. Tú no lo viste. Ya se encargó ella de que no lo vieras. Yo llegué de mis clases de baile con papa y lo vi todo. Te sacamos del armario, estabas jugando con tu juguete, no te habías enterado de nada. Nos contaste que Cristina quería quitarte tu juguete y mama le había regañado, a ti te había buscado un escondite para que no te lo quitara. Papa esperó a que tu hermana y yo cumpliéramos 18 años para quitarse la vida. Muy considerado por su parte. Así que te cuidamos y te dimos todo para que no los echaras en falta. 

     - Cristina está muerta. - Dijo él en un susurro, entendiéndolo todo. Durante todo el tiempo que su hermana había estado hablando, él no le había quitado ojo a Isabel. 


      Simularon un robo. Alguien había entrado a robar mientras él pasaeaba. Por suerte un vecino lo vio entrar al edificio. Ella se fue, como si nunca hubiera estado allí. La policía no sospechó. Caso cerrado.


     Dos semanas después.


     Aquel día vio a la muerta de prácticas diferente, allí tumbada, oliendo a formol, estaba preciosa. No se había fijado nunca de lo hermosa que estaba y de lo bien que olía.


     En la actualidad.


     Le había mandado ya varios mensajes. Ni siquiera se había conectado al móvil. Desde que Isabel empezó a trabajar para ella se habían hecho inseparables. Salían juntas los fines de semana y se contaban todo. ¿Se habría encontrado con su chico de ojos azules? Desde luego, si lo había hecho, ya sabía porque no le contestaba. Esperaría a la mañana. Si no tenía noticias suyas, empezaría a preocuparse.





12 comentarios:

  1. Fascinante precuela de la niebla, profundizas en los personajes transportándonos a sus pasados, los conocemos y entendemos más, nos deleitas con giros sorprendentes y nos devuelves a la actualidad. Tanto con La Niebla como con La Búsqueda me tienes totalmente enganchado.
    ¡Abrazos, Compi!

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    1. Hay que conocer un poco el pasado, para entender el futuro. Es un placer engancharte a mis letras. Un besillo compi de letras.

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  2. Genial, María! Has hilado la historia a la perfección, nos has ofrecido los antecedentes y las razones de que estos hermanos actúen como lo hacen. Para mí la historia es ahora, si cabe, mucho más interesante. Un relato para enmarcar :)

    Besillos de noche!!

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    1. Muchas gracias Julia, me pensaré el convertirlo en libro., a lo mejor me publican... Un besillo.

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  3. Qué suspense María! He flipado con el origen. De ahí la sobreprotección de las hermanas. Es muy fuerte :) Te ha quedado genial y creas un montón de intriga sobre los personajes. Un abrazo enorme :)

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    1. Muchas gracias Ana. A ver si la intriga continua y os engancha un poco más. Esto aún no ha terminado. Un besillo.

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  4. Gran quinta parte. Al fin se nos revela la motivación de los hermanos, quiénes son, su pasado, y lo locos que están. No se salva casi ningún personaje de la locura, ni siquiera la primera novia que tuvo el protagonista, pues amenazó con suicidarse si no se mudaban de ciudad.
    Una historia familiar perturbadora, con personajes muy bien construidos. Escalofriante.
    Por último, alguien empieza a sospechar la ausencia repentina de Isabel...
    Un abrazo, María.

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    1. Si, parece que la locura tiene algo genético. Esperemos que acabe bien para alguno de los personajes por lo menos. Un abrazo Ricardo.

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  5. Bueno, este "flashback" en el tiempo permite entender mucho mas la cosa: ¡Que montón de locos! me ha gustado mucho el capitulo. Sos una gran escritora. Abrazos

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    1. Muchas gracias. Para entender el presente de la gente, a veces, hay que conocer su pasado. Un abrazo.

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  6. Si, Claro! vaya si es así, Soy profe de Historia jeje. Abrazo.

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    1. Jajaja claro, ¿Quién mejor que un profe de historia para saber eso? A mi madre le encantaba la historia, y me ha pegado un poquito de su amor por ella. Un besillo.

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