19/3/15

El bajo y papa.

     A Jose le regalaron el bajo que había pedido hasta la saciedad. Los Reyes Magos de ese año le ofrecieron un trato: si sacaba todo sobresaliente, esa Navidad recibiría lo que había pedido con tanto ahínco. Y allí estaba un bajo rojo, precioso y brillante con el que dejarse las yemas de los dedos. 

     Llegado el verano ya lo manejaba con soltura, así que decidió montar un grupo de Rock and Roll con sus amigos. Uno se compró la batería, y otro ya tenía la guitarra. Él se ofreció como cantante. A sus 17 años ofrecían mini conciertos a los amigos del barrio, y les dedicaban canciones a sus amores adolescentes. 



      Su vida transcurría tranquila, hasta que un día el destino le trajo una chica a su encuentro. No era un bellezón, algo resultona, y muy simpática. Le encantaba hablar y se pasaba el día riendo. Lo que enamoró perdidamente a Jose. Él la miraba de soslayo, cuando creía que ella no lo veía, le escribía poemas de amor, y letras de canciones, sin atreverse a cantarlas en voz alta. 


    Un día, en una de esas reuniones entre amigos, se quedaron solos, un rato de conversación en un tranco de la calle, unas miradas huidizas, y un beso eterno en un portal. Aquel fue el comienzo de todo. Afianzaron su relación que fue madurando con el paso de los años. Pasaron momentos duros, de pareja, familiares, amigos que se iban, otros que venían, pero con su apoyo mutuo fueron salvando todas las dificultades. Se casaron, en una bonita ceremonia, rodeados de todos sus seres queridos. 


      Pasó el tiempo, y decidieron traer al mundo una personita. Así que después de unos meses de intentos. Ella se quedó embarazada. Y pronto nació su primera niña. Fue un parto difícil, Jose sufría de ver a su mujer retorciéndose de dolor mientras pedía que trajeran ya la maldita epidural. Entró al paritorio, a pesar de no soportar la sangre, le agarró la mano a su mujer y empujó con ella. 


      La pequeña niña nació bien, y Jose pensó que era lo más frágil que había visto nunca. Se prometió a si mismo que la cuidaría y procuraría que nunca le pasara nada. Dejaron el hospital atrás, Jose bañaba a su bebé y se la enganchaba en su mochila para darle cortos paseos.


      Juntos aprendieron a andar, a hablar, Jose jugaba con ella, mientras la madre les regañaba por espabilarla demasiado a la hora de dormir, o por darse golpes por ser demasiado brutos, pero ellos eran felices. Jose había conseguido una pequeña réplica de su mujer a la que amar y cuidar. 


      Pero querían más, otra pequeña que hiciera compañía a su hija mayor, con la que jugara. Y así ella volvió a quedar embarazada. Otro parto difícil, y mucha sangre de por medio. Pero otra belleza entre sus brazos. Una princesita de cabellos dorados que sería el quebradero de cabeza de su padre.

     Las dos niñas crecían felices y sanas, y Jose las cuidaba y quería con todo su corazón. Se preocupaba cuando se ponían enfermas, les calmaba abrazándolas cuando se daban algún golpe, siempre les traía sorpresitas cuando se iba de viaje, las besaba y abrazaba cada vez que tenía oportunidad, les explicaba las películas de dibujos animados, jugaba a las peleillas, les regañaba cuando tenía que hacerlo y se desesperaba con sus rabietas.  

      Se había convertido en un papa de los pies a la cabeza, el bajo se había quedado olvidado en el fondo del armario. Ahora tenía una guitarra española con la que cantaba sus hijas los éxitos de Frozen o los dibujos del momento. Eso sí, de vez en cuando alguna de sus canciones también caía.




8 comentarios:

  1. Resulta alentador leer un homenaje así a un padre escrito por una madre. Enhorabuena, María. Un abrazo.

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    1. A veces estamos tan centrados en darle importancia a las madres, que nos olvidamos de esos pequeños seres que están a nuestro lado que forman también un papel fundamental. Y que sin ellos, simplemente todo sería un poquito más difícil.

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  2. Hola Maria, un relato tierno y ameno para homenajear a los padres. Que tengas un buen día.

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  3. Qué relato tan entrañable, María. En eso consiste ser padre, en convertir a tus hijos en el centro de tu mundo y que todo lo demás pase a segundo plano.

    Precioso, me encantó!!

    Un besillo nocturno.

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    1. Suele pasar con los hijos, todo pasa a un segundo plano, y ellos son lo más importante. Un besillo guapa.

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  4. ¡Aiiiix! ¡María! *-*
    Tu Relato me llena de melancolía y nostalgia de una Vida que pude tener y no fue así...
    Me ha resultado de lo más dulce, tierno y lindo... De esas veces que lees y sientes cosquillas en el Corazón...
    ¡Me ha parecido precioso!
    ¡Besines! ;)

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    1. Me alegra haberte hecho cosquillas en el corazón, pero me entristece eso de la vida que pudiste tener y no fue así... Un besillo guapísima.

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