24/3/15

Crónica de una noche anunciada


       Nada hacía presagiar lo que aconteció la noche pasada. O sí. Mi hija de cuatro años empezó la tarde a ponerse roja como un tomate y a calentarse por momentos, "me duele la frente", me decía, y yo como buena madre que soy, saque mis armas y me puse a aliviar su malestar. 

      Termómetro en mano me dirijo a ella, no con uno, sino con dos, uno lento y otro rápido, para asegurarme. No por nada, sino porque no me fío de ninguno. Como si pudieran equivocarse. Se los pongo los dos, ella me cuenta las veces que se los he puesto, tres veces, con tres resultados distintos, me quedo con el último, 38.1. Así que me voy a por mi segunda arma, Dalsy, Dalsy de fresa, si, del concentrado, porque aunque mi hija nunca ha tenido problemas con las medicinas, mis jeringuillas no son tan grandes como para aguantar la dosis del normal.


       Tarde en el sofá, fiebre fuera y dolor de frente intermitente. Llega la noche, y después de acostarlas me dispongo a ver una de mis series españolas que tanto me gustan. El padre se acuesta pronto, no le gustan mis series de asesinatos, y tiene sueño. Así que yo ni corta ni perezosa, me trago la serie con anuncios y todo, hasta bien tarde la noche, mientras me entretengo con mis crucigramas. Me acuesto pasada la medianoche. No sin antes comprobar la frente de mi hija mayor. Sin fiebre.

      2:14 de la madrugada. Mi hija de dos años: "Mamaaaaaa, mamaaaaaa, me quiero levantar" Voy a su cuarto medio zombie, y le explico que aún es de noche y que hay que dormirse. Me dice que se quiere venir a mi cama. Aquí hago un inciso: mis hijas nunca se han querido dormir en mi cama, no les gusta, prefieren dormir a pierna suelta en la suya, así que cuando en algún momento excepcional me lo piden, yo estoy encantada de darle el capricho. 

     Se viene a mi cama, el papa está dormido profundamente, con sus ronquidos como acompañamiento. Mi hija de dos años me dice: "Papa es un monstruo". A mí me da por reír y le digo que no, que es que está roncando. Y me pide irse a su cama. La llevo y me acuesto.

     2:32 de la madrugada. Mi hija de cuatro años me llama, a la que se une la de dos. Mi hija de dos años me pide pipí. Otro inciso: estamos con la operación pañal, y aunque por la noche aún se lo pongo, cuando me pide ir al baño la llevo. Así que la levanto mientras mi hija de cuatro años me pide venirse a mi cama. Cojo a la de dos, le quito pañal, la siento en el váter y voy a por la de cuatro, la cojo, la noto caliente, voy a por el termómetro, la llevo a mi cama, despierto al padre para que le mire la fiebre y me voy a recoger a la de dos.

       Acabamos los cuatro en mi cama, con 38 de fiebre y dosis de Dalsy, mi hija de dos años se pone a cantar. Mi hija de cuatro a contarme el cuento de ricitos de oro. Papa y mama moribundos sin saber lo que nos quedaba por delante.

     Conseguimos llevarlas a su cama, con la intención de poder dormir un poco.

      2:54 de la madrugada. Mi hija de cuatro años "Mamaaaaaaa, me pica la espalda, me pica la espalda, me pica la espalda" Me dirijo ya totalmente desvelada a su cuarto, y le rasco la espalda. Les digo que tienen que dormir que es muy de noche.

      3:07 de la madrugada. Mi hija de dos años que duerme con no sé cuántos muñecos, me informa a grito pelado, que uno de ellos está destapado, y cuando llego me dice que se quiere levantar.

      3:18 de la madrugada. Mi hija de cuatro años me informa de que  no puede dormir, y que se quiere levantar. Cuando llego a su cuarto mi hija de dos me pide ver Peter Pan. Mi paciencia se está agotando.

      3:34 de la madrugada. Mi hija de dos años quiere pipí oooootra vez. Me levanto, quito el pañal, la siento, le pongo el pañal, la acuesto.

      3:52 de la madrugada. Mando a su padre.

      4:05 de la madrugada. A mi hija de dos años le pica el pie, y se ha quitado los calcetines. Mi paciencia tiene un límite, y ya enfadada por la falta de sueño, y porque cada vez que lo cojo me vuelven a llamar, les digo que se duerman y que ya no voy a ir más. Mentira.
   
     4:34 de la madrugada. Última vez que miro el reloj, me he propuesto no levantarme más. Mi hija de dos años llora a moco tendido, y yo la dejo, como mala madre que soy, la dejo llorar hasta que se cansa (no tarda mucho) y consigo dormirme. Eso sí, esta mañana antes de las ocho ya se habían levantado para pedirme Peter Pan.

      Así que solo digo, que no sé cómo los de la CIA, no se han dado cuenta del poder de los niños pequeños. Ese poder para no dejar dormir a la gente. Pongan a los detenidos en una habitación con unos cuantos bebés y déjenlos que se ocupen de ellos. A la mañana siguiente les confesaran todo lo que quieran.

     PD: Todo esto lo escribo como madre con mucha falta de sueño. Si hiero la sensibilidad de alguien, desde mi estado de zombi, pido perdón.



     

      

4 comentarios:

  1. Jajajaj, yo he vivido muchas de esas y es que cuando ya te has leantado diez veces dejas de ser persona para convertirte en un ser que actúa por impulsos,jajaja.
    Yo ahora estoy en una etapa en la que algún día salen de noche y no pego ojo hasta que me mandan whassap diciendo que vienen juntos o peor, que les vayamos a buscar porque no quiero que vengan solos, así que así andamos, sábados despiertos hasta las cuatro de la madrugada(porque queremos, de acuerod, que hay padres que se echan a dormir y se despreocupan pero nosotros no podemos,jejejeje). En esos momentos echo de menos ponerles Peter Pan a las tres de la mañana, al menos yo dormitaba mientras ellos cantaban y volaban hacia Nunca Jamás.
    Me ha gustado mucho tu crónica,jajaja, me he identificado totalmente.

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    1. Supongo que lo que viene después es peor. La adolescencia es muy mala, y si es como la mia, la temo horrores. No sé como mi madre tenía tanta paciencia. La admiro por como lo hizo conmigo. Pero ahora mismo El país de nunca jamás me parece demasiado cercano, para llevar a mis hijas y yo poder dormir una noche entera. Seré mala madre por estos comentarios, pero es que el cansancio me tiene dislocada. Un besillo Marigem.

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  2. ¡Ay! María... Solo paso para decirte que tienes mi más sincera admiración... Tú y todas las Mamis del Mundo (Pero de las Buenas... Que yo veo muchas cosas feas en el Cole... Que me hacen pensar que más de una, no se merece este Maravilloso Título... u.u Pero eso es otra historia...) ¡Y mi Mamá también!
    Nunca lo había visto de forma tan detallada... ;)
    ¡Besis!

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    1. Cuando lo vuelves a pensar unos días más tarde, tampoco es para tanto. Admiración no mujer, cualquiera puede hacerlo. Es muy difícil, y me salgo de mis casillas más a menudo de lo que me gustaría. Pero intento respirar hondo y palante como decimos aquí. Un besillo guapa.

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