18/2/15

Mamá en urgencias


      Tengo un conocido que es médico de familia, y que hace algunas urgencias de vez en cuando. Cuando me cuenta sus historias como médico con los niños, me suele contar que las madres llevan a los niños enfermos al colegio, y cuando salen después de todas sus actividades los llevan al médico de urgencias. El motivo de que estas madres lleven a sus hijos enfermos al colegio, en vez de quedárselos en casa y llevarlos a su pediatra solo lo saben ellas. Desde mi punto de vista es un poco cuestionable, cuando algunas de ellas no están trabajando. Pero como siempre digo que cada uno eduque y críe a sus hijos como quiera y como pueda.



       En fin, todo esto viene porque yo me he sentido una de esas madres en el día de hoy. Mi hija se ha ido esta mañana normal, como siempre, con sus típicos berrinches, y con sus cosas, pero bien, sin fiebre ni nada. Eso sí, dos noches tosiendo, con su dosis de medicina y listo. Un invierno sin toses ni mocos no es un invierno en condiciones.


      Cuando la he recogido del cole, lo primero que me ha dicho es que le dolía el oído. La seño me ha dicho que ha sido a última hora y que no se había quejado mucho. Mi primera reacción: tocarle la frente. Nada de fiebre. Así que me la he creído a medias -pobre niña mía-. Conforme íbamos yendo al coche cada vez se ponía más gachona y llorona. Y ya cuando la he subido, no paraba de llorar. Todo el camino de vuelta a casa se lo ha pasado llorando, con gritos entre medias como si le dieran pinchazos. 


     Yo, como si de un rally se tratase he llevado mi coche hasta mi casa, y cuando mi compañero en la vida ha abierto la puerta: "¿otra vez llorando?". Le he explicado la situación, le hemos dado el maravilloso Dalsy y después de ver que su pediatra no tenía número hasta el viernes, hemos decidido llevárnosla a urgencias, ¡benditos recortes!


     Para poneros en situación, yo las urgencias no las piso muy a menudo, las evito todo lo que puedo y más.


     Inciso: mientras escribo esto, mi hija de dos años ya me ha cantado dos canciones, me ha pedido que le ponga el vestido de Elsa con los tacones puestos y le he pintado los labios a ella y a su muñeca.


      Sigo por donde iba. De camino a urgencias, mi hija ya se encontraba mejor, ya me hablaba y había dejado los lloriqueos, así que me pregunta: "¿mama aún tenemos que ir?". Y eso mismo me he preguntado yo, pensando en darme la vuelta en la próxima rotonda, pero al pensar que mi compañero en la vida - hipocondríaco de nacimiento - me esperaría con los brazos cruzados, he puesto la directa y he llegado a urgencias.


       Allí mi hija ha llegado ya riéndose, en la sala de espera ha empezado a corretear y a preguntar para que servía cualquier cosa que veía. Cuando hemos llegado a la sala a que la vea la médica no quedaba la sombra de lo que había sido mi hija de lloros y lamentos. Como cualquier niño de 4 años no se ha quedado quieta ni un segundo, lo ha señalado todo y ha preguntado por todo, mientras que a mí se me venía un color y se me iba otro. Y mientras, me confirmaban que de verdad mi hija tenía infección de oído, yo suspiraba por dentro, pensando que me había convertido en una de esas madres que nos preocupamos a la más mínima y colapsamos las urgencias.


      Así que de esta experiencia solo me cabe decir una cosa: no volveré a decir que mis hijas nunca se ponen malas, porque enseguida caen. Y haceros una pregunta: ¿alguna vez os habéis sentido como madres histéricas delante de un médico?



 

2 comentarios:

  1. Yo me he sentido así unas cuantas veces.
    Lo de las madres que llevan a sus hijos enfermos al cole me da rabia, a mis hijos de pequeños una niña les contagió la varicela porque la madre la llevó a clase sabiendo que la estabba incubando y cuando la tenía la siguió llevando un par de días. Lo peor es que la mami es enfermera. Y para colmo mis hijos me la contagiaron a mí y estuve fatal, las enfermedades infantiles en adultos son un horror, menos mal que esa fue la única que tuvieron y que con la vacuna les dio suave.
    Yo pasé una situación como la tuya, el niño llorando porque le dolía el oído y de repente, en el coche empezó a revivir y en urgencias se dedicó a correr, a preguntar para qué servía todo y a rodar por el suelo. Al final también tenía infección de oído, lo que pasa que antes de ir le había dado Dalsy y yo creo que eso le calmó un poco el dolor.
    Ayyyy, ellos pueden con todo.
    Un besín.

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    1. Es que el Dalsy hace maravillas, nos encontramos de nuevo a nuestros hijos, después de verlos derrotaitos. Y si las enfermedades de los niños en adultos son horrorosas, yo pase las paperas de mayor y no se las recomiendo a nadie. Aparte de todos los virus de estómago que me traía mi pequeña de la guardería. Un beso.

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