5/1/15

¡Qué mala madre soy!

    Vísperas de Reyes, ya me he levantado con mis mariposillas correspondientes en el estómago. Mis hijas llevan todas las Navidades dándonos tregua. Ya no se levantan a las seis y media o siete. Hoy mi mayor se ha levantado a las ocho, y mi peque a las nueve y media. Es un descanso.

     He estado un ratito con mi mayor, las dos solas, y me emociona ver la misma ilusión que la mía en su carita. Le he dicho que tendríamos que ponerle la comida a los Reyes y al levantarse rápido se ha caído de culo al suelo. 



     - ¡Mamá que emoción! Yo te ayudo a ponerles la comida. 


     Muy suavemente y entre risas le he dicho que la comida se la pondremos esta noche antes de acostarnos. Y se ha dado cuenta del día que es. 


     - Mami, ¡esta tarde es la cabalgata! ¡Nos van a tirar caramelos!


     De repente se ha puesto muy seria y me dice:


    - Mamá yo sólo me voy a comer uno. - Está muy preocupada por sus dientes, en el cole le ponen una película de un tal dientín que les enseña a los niños lo que hace el azúcar a sus dientes. Y ella se lo ha tomado muy en serio. En cuanto se come un caramelo sale corriendo a lavarse los dientes. Pero bueno, es una niña de cuatro años, así, que veremos cuantos se come al final esta tarde. 


     Cuando se ha despertado la hermana, las he dejado en el salón a las dos mientras me iba a desayunar a la cocina. Desayunar sola es uno de mis grandes placeres. Lo sé, me conformo con poco.


     Al rato he oído risas en el salón, "ahora tú, ahora a mí". Así que poco a poco, despacito y sin que me oigan asomo la cabeza por la puerta. No me han visto. Y lo que yo he visto alarmaría a cualquier madre. Mis hijas habían puesto una manta del sofá hasta el suelo en forma de tobogán. Y ellas se subían encima del respaldo del sofá y se iban tirando dando saltos hasta el suelo. Por supuesto la manta no hacía ninguna función, pero yo veía todos los peligros.


     La manta resbala en el suelo, y se pueden caer, desde el sofá se van a romper la cabeza, pero yo sigo mirando y escuchando sus risas, me tienen hipnotizada. Ellas no paran y siguen con su ritual. Y yo me rio con ellas viéndolas disfrutar, a sabiendas de que se podían haber hecho cualquier cosa y haber acabado en el hospital como fin de fiestas.


     - ¿Qué estáis haciendo? 


     Ellas se dan un susto, paran y me miran, yo sonrío para mis adentros y empiezo mi bronca correspondiente, con frases de madre como: os podéis hacer daño, tu hermana es pequeña, os vais a abrir la cabeza, mientras ellas me miran con cara de la que me va a caer. Y yo no puedo evitar reírme por dentro y pensar: ¡Qué mala madre soy!




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