11/12/14

Bip bip, mensaje

    

     Suena el móvil, mensaje nuevo. Un cosquilleo le revuelve el estómago.


     - ¿Estás sola? ¿Se ha ido ya?


     Después de 20 años casados la ilusión había vuelto. Después de 20 años y tres hijos, de la rutina del día a día, de los besos fugaces, de los te quiero mecánicos. Después de todo, esos mensajes le habían devuelto la ilusión, la creencia de que el amor seguía existiendo, de que enamorarse no estaba tan lejos de su alcance como pensaba.



     - Si, ya se ha ido. Los niños están en su cuarto haciendo la tarea.


     - ¿Has decidido ya cuando nos vemos?


     Llevaba un mes recibiendo esos mensajes, recibiendo notas en el buzón, canciones de letras ya olvidadas, amor en papel, amor en pantalla. Quería quedar, pero no quería perder la magia, esa que ya tenía olvidada. Esos nervios de un primer beso, esas primeras veces que ya no iba a recuperar. 


     Y es que después de 20 años casada y tres hijos esa magia ya no entra en los planes, esas primeras veces son las de tus hijos, el tiempo para el romanticismo está programado. Ya no hay tiempo para esas cosas, ya hay que ser práctico. 


    En realidad no sabía cuanto lo echaba de menos hasta que volvió a aparecer en su vida, hasta que por medio de una pantalla empezó a leer palabras de amor, palabras para ella, sólo para ella.


     Así que ¿por qué no? Ella se lo merecía, como aquellas letras decían, ella era especial y se merecía tenerlo todo, a pesar de las consecuencias.


     - Si, el viernes, ya está todo planeado, excusas puestas y niños colocados.


    El viernes empezaba de nuevo su vida, su vida como mujer. Tocaba ducha, mensaje.


     -Estoy deseando que llegue la hora.


     Sonrisa quinceañera.


     Después de la depilación, maquillaje y secador correspondiente sale por la puerta, sin parar de comerse las uñas, y se dirige al restaurante.


     Entra, y no lo ve, así que pregunta por su mesa, la llevan a través del restaurante a un patio interior. En medio del patio había una mesa para dos con una vela en el centro y de fondo una canción conocida. Y allí estaba él, de negro, como a ella le gustaba. Después de veinte años seguía derritiéndose cada vez que lo veía con un cuello vuelto negro.


     Después de veinte años seguía enamorada, y lo mejor de todo él también de ella. Después de 20 años y tres hijos ellos seguían riendo juntos.





9 comentarios:

  1. Así debiera ser siempre, pero el tiempo puede ser un anesteisco cruel en cuestiones de amor :(

    Precioso relato, María!!

    Un beso.

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    1. Muy buena forma de describirlo Julia, como me encantan tus letras. Un besillo.

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  2. Hola Maria, la rutina muchas veces mata el amor y al cabo de tanto tiempo, solo queda la costumbre, aunque hay parejas que se salvan de eso y tienen el amor maduro y lleno de experiencia. Muy buen texto.
    Feliz lunes!!

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    1. Si, de la rutina se puede salir, y entonces es lo que tu dices queda ese amor de tiempo vivido. Un besazo Alejandra.

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  3. Lo leí un día por casualidad... Al principio, cuando aún no me manejaba muy bien por estos Lares y ni siquiera se me ocurrió comentar... ¡Qué pavis! ;P
    ¡Y me gustó mucho! Porque siempre hay que darle pimienta a las relaciones, romper la rutina, bañarlas en Magia...
    ¡Muy chuli!
    ¡Besines! ;)

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    1. Si, de acuerdo contigo, hay que echarle un poco de pimienta a la vida, y sobre todo a nuestras relaciones. No dormirnos en los laureles. Me alegro de que te haya gustado. Un besillo.

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