7/12/14

Lo mejor de lo mejor

     Hoy me ha asaltado un pensamiento, y es que a las madres se nos ve casi siempre agobiadas, entre prisas de un sitio a otro, llamando a los niños a gritos o corriendo detrás de ellos.

     Hablamos de nuestros hijos o hijas, de lo desobedientes que son, de que no nos comen, de que son contestones o contestonas, y de las trastadas del día. A mí me pasa a menudo.



     Hoy voy a romper una lanza a nuestro favor. Detrás de esas caras de estrés, de esos suspiros, de esas prisas, de esas quejas y cansancios, detrás de todo eso respiramos hondo, respiramos hondo para acordarnos de todos esos momentos que nos llenan de felicidad.


    Porque no hay mejor te quiero que el que me sueltan mis hijas a bocajarro, así, sin avisar, u otro somnoliento mientras las llevo a la cama medio dormidas.


     Momentos irrepetibles como una batalla de cosquillas, formando música de risotadas en tus oídos, que no hacen sino hacerte sonreír.


    No hay mejor regalo que un beso lleno de babas, que un abrazo con ternura, con ganas, de esos que sólo ellas pueden darme.


     Las mejores explicaciones y las preguntas más despiertas solo me las dan ellas. Los momentos en blanco después de una pregunta difícil, o las risas disimuladas por alguna ocurrencia importante para ellas.


     Ellas son las que me enseñan la vida en los charcos, las piedras, los palos, los arco iris y las nubes. Las que me recuerdan que lo divertido está en las pequeñas cosas.


     Carreras improvisadas, juegos en las consultas del médico mientras esperas, secretos al oído que te hacen reír, baños compartidos llenos de chapoteos. Y montones de momentos más que se agolpan en mi cabeza mientras escribo estas líneas.


     Así que si alguna vez veis a alguna madre con cara de agobio y aguantando estoicamente alguna pataleta, no las compadezcáis. Porque ellas tienen momentos mágicos que suplen con creces esos pequeños momentos de preocupación o desazón.


     Nosotras tenemos a nuestro favor el ver la vida a través de nuestros hijos, viviéndola de nuevo desde su perspectiva. Tenemos el amor incondicional de nuestros hijos. Tenemos sus besos y sus risas.


     Porque lo mejor que te puede dar un hijo es su propia felicidad, es su risa sin tapujos.





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