14/12/14

Bendito embarazo

     Viendo videos por internet me he encontrado con un video de una súper mami embarazada, paseando en bici con toda su familia idílica.

     Y no he podido evitar acordarme de mis embarazos. No han sido de los peores, pero tampoco de los mejores.



     Mi primer embarazo empezó con nauseas, que no sé porque las llaman matutinas porque las tenías las 24 horas del día. Esa sensación de angustia constante que no se iba con nada. Lo probé todo, dulce, salado,... nada. Trabajando detrás de un mostrador me escondía latas de aceitunas por los armarios y me agachaba a escondidas de miradas intrusas para comérmelas.


     Los perfumes lo empeoraban del todo y trabajando de cara al público tenía que huir constantemente al cuarto de baño. Por la mañana mi marido tiene la bonita costumbre de despedirse con un beso. Le obligue a que lo dejara, o a que me lo diera antes de arreglarse y de echarse la colonia e incluso el desodorante. Ahí me tenías medio dormida y aguantando la respiración.


     Me enteré de mi segundo embarazo gracias a las náuseas, creía que mi hija me había pegado un virus de estómago de esos famosos de la guardería, pero al segundo día de mi supuesto virus, mi intuición me hizo hacerme la prueba del embarazo: positivo.


     Mis hijas nacieron a mitad de julio y en noviembre, con lo que el calor no me dio tregua. Eso que dicen que las embarazadas estamos a más grados que el resto es verdad. ¿Y que trae el calor? La retención de líquidos, tobillos como botas, manos dormidas, y dos números más de pie, con lo que me tenía que comprar zapatos de hombre, es difícil encontrar un 42 de mujer. 


     Cuando iba a las revisiones los ginecólogos me decían que no podía engordar más, pero entre los primeros meses comiendo a todas horas y que me quedaba con todo líquido que ingería, mi cuerpo seguía aumentando de volumen.


     Luego llegan las esperadas pataditas, esas que esperas con una ilusión terrible y cuando estas de ocho meses tienes las costillas machacadas. Sí, precioso sentir como tu bebé te da patadas a diestro y siniestro estés despierta o dormida.


     Bueno, dormir es un decir, porque cuando ya estaba avanzada en el embarazo ya no sabía cómo tumbarme, bocabajo imposible, bocarriba menos, y de lado a lado toda la noche, que tenía que pensármelo mucho cada vez que cambiaba. Y entre eso y la de veces que me levantaba para ir al baño y los calambres en las piernas dormía más bien poco.


     Pero luego tenías a esas expertas ya con hijos que te decían: "Aprovecha ahora que después dormirás menos". Y yo pensaba que era imposible, pero me equivocaba.


      Por fin llega el último mes, tu deseando que llegue el momento de tener a tu bebé, mientras unos ardores constantes me hacían comer de nuevo a todas horas, y a coger más kilos. El almax y la ranitidina se hicieron mis mejores amigos.


      Llegan las famosas correas, ni una contracción y la gente no paraba de decirme: "Se te va a adelantar". En mis dos embarazos me pasé de fecha, así que el último mes se me hizo eterno.


     Así que perdonadme si no estoy de acuerdo con esos comentarios de esas estupendas mamas con embarazos estupendos que dicen que estar embarazada es lo mejor que hay en el mundo, que se pasean sin un kilo de más en sus bicis con sus familias idílicas.




3 comentarios:

  1. Jejejej, yo tuve 2 embarazos bastante malos, vomitando todo el día, en lugar de engordar adelgazaba así que aunque no tuve casi barriga tenía un montón de males. El karma me compensó con un parto rápido pero el parto son minutos, o como mucho horas y el embarazo meses, ayyyyyy. Un besín y comparto tu opinión.

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    1. Yo lo tuve todo, embarazos malos, partos malos,... ayy se ve que mi karma esta escacharrado. Jejeje. Un besillo guapa.

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